Haz un corte en cruz en la base de los tallos de las espinacas.
300 g espinacas
Introduce primero los tallos en el agua hirviendo y después las hojas.
Escáldalas hasta que estén apenas cocidas y pásalas enseguida a agua fría.
Exprímelas para retirar el exceso de agua.
Rocíalas con un poco de salsa de soja y vuelve a exprimirlas (shōyu-arai).
salsa de soja
Corta las espinacas en trozos de unos 3 cm.
Salsa de sésamo
Tuesta las semillas de sésamo en seco en una sartén para eliminar la humedad y, mientras aún estén calientes, pásalas a un mortero (suribachi) bien seco.
5 cucharadas semillas de sésamo blanco
Muélelas con cuidado.
Añade el azúcar, la salsa de soja, el sake y el dashi, y mezcla hasta obtener la salsa.
Mezcla las espinacas con la salsa de sésamo justo antes de servir.
Notas
Salar el agua de cocción ayuda a conservar el bonito color verde de las espinacas.
Hacer un corte en cruz en los tallos y sumergirlos antes que las hojas garantiza una cocción uniforme; pasarlas enseguida a agua fría ayuda a fijar el color.
El shōyu-arai (rociar las espinacas escaldadas con un poco de salsa de soja y exprimirlas después) las sazona y, al mismo tiempo, elimina el exceso de agua, evitando que la salsa de sésamo se diluya.
Como ocurre con muchas verduras aliñadas al estilo japonés, mezcla las espinacas con la salsa justo antes de servir para evitar un exceso de humedad.